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El día de ayer me decidí a cambiar la colección de libros que tenía como soporte a mi portátil (entre los que encontraban la física de Serway, el de sistemas operativos de Tanenbaum, una guía farmacéutica y una “biblia” de excel) por algo más cómodo y que libera un espacio bastante grande en mi escritorio. El resultado final fue este:

Resultado final del soporte para portátil

Nada mal, ¿no? Y la verdad es que me costó bastante poco (aproximadamente $6.000 colombianos, unos U$3), no requerí mucha pericia para cortar los tubos, y las uniones se hacen a presión, lo que indica que no hay necesidad de comprar pegantes. Algunas ventajas del diseño:

  • El precio.
  • La facilidad de fabricación.
  • El espacio que se gana, tanto del área de trabajo, como la de la elevación del portátil, que sirve para esconder el exceso de cables del teclado y mouse externos, y guardar libros, gadgets, etc.

El diseño que voy a exponer aquí es una variación de esta página, que por razones de peso (el portátil no se veía tan firme con esa versión, una caída parecía inminente) tuve que modificarlo para llegar a mi resultado. Los materiales fueron:

  • 107* cm de tubo de pvc blanco.
  • 6 codos de pvc blancos.
  • Una segueta.
  • Cinta plástica (de oficina) transparente.
  • Dos chazos (alternativo. Lo utilicé para darle una separación extra al portátil del tubo, y procurar una mejor ventilación).

*La longitud del tubo de pvc corresponde a dos factores: las dimensiones del portátil, y la inclinación que se le quiera dar. Estas dimensiones en particular corresponden a las dimensiones de un portátil de 15.4”, el Dell Inspiron 1501.

Vista frontal del soporte para laptop

Para armar el soporte:

  1. Cortar con la segueta los trozos que conforman el soporte. Para mi caso, se requirieron tres trozos de 27 cm, y dos de 13 cm.
  2. Envolver algo de cinta transparente en las puntas de los tubos recortados. Esto se hace para que al unir a presión los trozos con los codos, queden bien firmes.
  3. Acoplar los codos con los tubos, de tal forma que queden como en la foto (los trozos de 13 cm son los que le dan la elevación al soporte).
  4. Pegar con cinta los chazos como se ve en la foto anterior.

Como recomendaciones, sugiero tomar muy bien las medidas del portátil, y no dejar los extremos del soporte tan exactos con los bordes del portátil.

Para terminar, los dejo con algunas fotos adicionales.

Vista lateral del soporte para laptop ¡con el laptop! Otra foto del soporte para laptop Foto del laptop en su soporte, y muchos libros en el escritorio

Truncamiento de cadenas*

La esposa se encontraba enfurecida con su marido porque, tras revisar el extracto mensual de la tarjeta de crédito, encontró una entrada denominada “La casa del amor” por un valor de $600.000. El esposo, como defensa, le explicó: - ¡Mi amor, todo es culpa del banco, que ha truncado esa cadena! Yo realmente fui a comprar un repuesto para el carro, ¡en la casa del amortiguador!

Amortiguador

*Una cadena podría definirse como una colección de caracteres de cualquier longitud. Un truncamiento de una cadena es, literalmente, hacerle un corte en cualquier punto. El truncamiento es más o menos frecuente en aplicaciones de software en las cuales, por cuestiones de estética o espacio, se debe limitar su longitud, descartando caracteres en un punto dado de la cadena.

El 4 de febrero de este año se presenció una actividad que dio mucho de que hablar en los medios de comunicación, tanto nacionales como (me imagino) internacionales. Se trataba, para ser más preciso, sobre una marcha de origen netamente civil, pero luego avalada por el gobierno nacional y los medios, contra el secuestro, precisamente contra las actividades del grupo armado FARC. Esta marcha se extendió a todo el país y el mundo, donde todos los colombianos se pusieron la camiseta con la consigna “No más secuestros, no más mentiras, no más FARC” (creo, me la he aprendido de tanto verla en Facebook), salieron por la TV y mostraron su patriotismo.La verdad, no salí a marchar porque la consigna no es lo suficientemente fuerte (¿por qué no marchar en contra de la violencia, que nos tiene tan jodidos?), y así se liberen los secuestrados y se desarticulen las FARC, quedan aún más de la mitad de los problemas de violencia en el país por resolver, y son las cosas con las que no estoy de acuerdo y me parece el colmo que no sean móvil para la marcha civil:

  • No estoy de acuerdo con la violencia, tanto de las FARC como de ningún otro tipo de grupo armado, legal o ilegal. Vale la pena recordar las atrocidades de otro grupo armado contra campesinos inocentes, y que la masa ha olvidado de una manera tan sencilla como es desaparecer los reportajes de los medios.
  • No estoy tampoco de acuerdo con los desangres fiscales, serruchos, ni la parapolítica, tan de moda aquí en Colombia, pero a la cual parece a la gente se le ha olvidado.
  • No estoy de acuerdo con los desplazamientos forzosos de campesinos, que hacen crecer la monstruosa brecha entre los que tienen poder adquisitivo y los que no lo tienen.
  • No estoy de acuerdo con la oposición por la fuerza al gobierno, ni a la oposición destructiva, que no ayudan a construir nación, si no que únicamente se encargan de restregar los errores que ya no pueden ser corregidos.

Aquí se encuentra una fotografía (muy mal tomada) de una adquisición con la que voy a abrir muy bien el año. Compré la boleta solo, así que todavía no me he puesto de acuerdo con nadie para ir.

iron-maiden_anon.jpg

Vale la pena recalcar que esta boleta fue muy difícil de conseguir aquí en Colombia, ya que en las primeras horas de haber abierto venta (dos minutos para la media noche, como dice una canción del grupo), estas se agotaron (tuve que luchar hasta las 2 a.m. para poder conseguirla).  Además, quizás sea la única vez que Iron Maiden visite a Colombia, así que se encuentran ante la foto de una verdadera joya.

Tallarines gore

Un extraño sabor en la boca repugnaba a H, la sensación de que estaba perdiendo el tiempo, que la vida estaba pasando ante sus ojos, y él, inmutado ante esa realidad no hacía nada más que saborear asqueado, hasta que decidió hacer algo. Estaba entre salir a dar una vuelta, a ver caras desconocidas en un centro comercial, o seguir confinado a su encierro, y hacer algo con su vida. Decidió lo segundo.

Siendo ya casi la hora del almuerzo, las tripas dentro de su abdomen se estremecieron del hambre:
-Vaya - Se dijo, descargando el libro que estaba leyendo, y miró un momento el reloj, como esperando a que éste le dijera algo - ya está haciendo como hambre.

H se levantó de su silla, revisó la nevera y encontró unas alverjas y zanahorias cocidas y partidas, unos tomates enteros, unas cebollas, y en la alacena vió unos tallarines y una lata de atún. Decidió entonces ir a comprar un queso, y luego se puso a preparar los ingredientes: partir los tomates y las cebollas. Con estas últimas, y gracias al ritmo de la música rock que había colocado de fondo, se encontraba feliz, de hecho había olvidado momentáneamente ese sabor agrio en la boca, cuando se deslizó suavemente el cuchillo sobre su dedo, haciendo que brotara de él unas gotas de sangre.

Dedo mochado

Aunque la herida le dolió, le causó risa que en ese mismo momento su primo la vio, e hizo un gesto de horror e impresión tal, que le sacó una carcajada.  El almuerzo le quedó muy bueno, y eso alegró aún más su día, pues era la primera vez que unos tallarines le quedaban con ese sabor.

¿Por qué?

Por lo general detesto las discusiones con la gente que no pertenece a la academia, o al menos que no tiene una formación medianamente sólida respecto a la construcción de conocimiento. Odio cuando la gente da argumentos vacíos, que no tienen sentido, o que han sacado sus débiles justificaciones de las fuentes más reconocidas del mundo, como una revista de variedades de las que salen los miércoles en un periódico, o la sección de salud de un noticiero de medio día.

Menciono lo anterior porque recientemente tuvimos una discusión corta, pero que me molestó mucho, de alguien que con el estúpido argumento de “como todos los más importantes lo hacen así, entonces yo también y punto”, tratan de justificar una realidad tan compleja, que es corta y a años luz de sus minúsculos cerebros llenos de la mierda que se introducen cada mañana con “la información” que leen y escuchan. ¿Es tan difícil pensar un poco? ¿Es tan jodido desempolvar ese artefacto que “solo adiciona peso” a la cabeza?

La clave para empezar a formarse en la investigación y en el ojo crítico ante el material que se nos presenta, puede resumirse en una pregunta aparentemente ingenua, de niño de 6 años: ¿por qué?. La indagación (curiosidad) acerca de la causalidad de las cosas es el instrumento más valioso para adquirir nuevo conocimiento.  Pero (siempre hay un pero) hay que tener cuidado con las fuentes que se utilizan para nutrir esa necesidad, ya que una revista de variedades o un periódico de circulación nacional son claramente fuentes de divulgación terciarias, dirigidas al público, con propósitos informativos  únicamente.

Un susto de infarto

Ayer llegaron unos tíos de visita a la ciudad, que se están quedando en el apartamento. Trajeron vino y un queso, buenos acompañantes para una conversación amena de aproximadamente una hora, antes de ir a dormir.

Entre todas las cosas que hablamos esa noche se encontraban los espantos, duendes, y por ese divagar en las creencias populares colombianas, el tío recordó una historia que alguien le contó en un velorio, y que le arrancó unas carcajadas tan tremendas, que según él, tuvo que pararse a pedir disculpas a los familiares del difunto. Todo lo que voy a escribir ocurrió entre Bucaramanga, una capital colombiana, y un pueblo o vereda cerca de ella. El cuento es así:

Un día, en una pequeña población cercana a Bucaramanga, una persona falleció. En ese sitio no existía un local donde se pudiera comprar un ataúd, objeto necesario para realizar la ceremonia de entierro, así que fue necesario transportarlo en chiva (una chiva es un camión de transporte de personas y carga, como el de la foto) desde la capital al lugar donde se encontraba el cadáver. Así que, cogieron el cajón, lo amarraron al techo de la chiva (como se hace usualmente con el resto de carga) y se empezó el recorrido.

Como es usual, la chiva recogía personas en el camino, y poco a poco esta se fue llenando. Estando ocupados todos los puestos, un muchacho hizo parar el transporte, y al ver que todo estaba ocupado abajo, entonces subió al techo y se sentó al lado del ataúd. El recorrido continuó, pero esta vez no se habían encontrado con nadie más, luego el muchacho estaba sentado solo en el techo. Después de un rato de recorrido, el clima empeoró, así que el muchacho decidió meterse en el cajón para protegerse de las inclemencias admosféricas… y debido a la comodidad, se quedó dormido. Transcurrió el tiempo, y la chiva recogió a otra persona, a la que le tocó hacerse en el techo. No vio a nadie, así que se sentó al lado del cajón. Pasó un rato más, y el del ataúd se despertó, y para ver si ya había pasado la lluvia, sacó la mano, tocó accidentalmente a la persona que se encontraba sentada al lado, la cual, del susto, ¡se lanzó del vehículo intempestivamente, y cayó a un precipicio!

Una película colombiana

- Ah, sí… yo vi una escena de esa película. Estaban los dos acostados . Vi eso mientras canaleaba en la noche - dijo mi compañero de trabajo, como respuesta acerca de una película colombiana que estábamos comentando a la hora del almuerzo.

-Que… no le creo… Según recuerdo, esa película no era así. A ver, ¿qué pasó después? - le pregunté, con aire escéptico.

- Ah, yo no sé… yo vi eso y enseguida cambié de canal. - me respondió.

- Puras mentiras… si de verdad estuvieran presentando eso, se hubiera quedado viéndolo - intervino su novia, con ironía.

Rito de la mañana

La habitación quedó invadida por el humo que lo despertó, de repente. Los relojes de alarma ya habían sonado de la forma más estridente posible(dos veces), pero su esfuerzo no fue suficiente para arrancar a D de su reposo. Sin embargo, el fuerte olor y el ardor en sus ojos, producto de la emanación de la cocina, y que había invadido todo el apartamento, hizo que se zafara de sus cobijas, y de un solo impulso quedara de pie.

Sistema de caminata bípida activada - dijo a A, que se encontraba dando vueltas, mientras se recuperaba del mareo responsable de tan brusco movimiento (o hipotensión ortostática, como seguramente le hubiera corregido A). El verdadero responsable de su primera frase babosa del día, además de su adormecido cerebro, fue el juego con el que durante una hora, aproximadamente, estuvo perdiendo su tiempo la noche anterior.

Lo que sigue en el itinerario, luego de la levantada, no es más que una rutina que nunca ha terminado de afianzarse en su vida. La ojeada al reloj que casi todas las mañanas (a excepción de los fines de semana, claro) le saca un melodioso “¡mierda!” que funciona a su vez como una patada en las pelotas para terminar de despertarlo. El viaje hasta la cocina, a conectar el calentador eléctrico, colocar su pocillo con leche en el microondas, colocar a cocinar su almuerzo, todo al tiempo. Y para terminar, una cagada, un duchazo, una cepillada de dientes, una afeitada, esta última que sobra la mayoría de las veces, pero que la sociedad reclama como requisito para reconocerlo como un hombre pulcro y organizado.

C caminaba torpemente hacia su martirio.

Apenas tres minutos atrás había saltado, como un corcho que vuela despavorido de su larga agonía en una botella de vino, de entre los repugnantes cuerpos hediondos de loción barata y jabón de tocador que se apretujaban dentro del transporte público. Una gran bocanada de aire fue su recompensa por tan admirable sacrificio. A pesar de tan magnos esfuerzos, disfrutaba de su incomodidad. De sus roces con la sociedad. Por supuesto, no se creía un nivel más arriba de toda la chusma con la que viajaba a menudo, ni más faltaba. Disfrutaba del circo, las conversaciones. Las personas que esquivaban las miradas punzantes de ojos acosadores . De la prisa con la que muchos empujaban a mujeres, niños y ancianos, sin importar qué extremidad le estuvieran aporreando, con tal de entrar en esa lata.

Mientras caminaba, C también recordaba el día que acababa de pasar. Reposando, casi toda la jornada (porque tuvo que pararse a hacer del cuerpo, y también a saciar su apetito), devoró ávidamente un libro que con una amistad suya había intercambiado hace un par de semanas. Venían a su mente imágenes de incluso dos días atrás, cuando todavía disfrutaba de autonomía, que desperdició caminando de un lado para otro, inventando tareas domésticas como excusa para no tener que pisar el pavimento del exterior.

Un golpe de un torpe señor, de unos 45 años, en el hombro de C, hizo que regresara a la realidad. Seguía caminando, miró su reloj y apuró su paso. Se le había hecho, como siempre, tarde. - Apenas lunes- Musitó, con la respiración levemente agitada.

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